Allí donde los Pirineos buscan el mar, en un día brumoso y con la habitual llovizna del otoño, me encontré un día con el panteón de los reyes de Navarra, Catalina de Foix y Juan de Labrit. Los últimos reyes de la Navarra de las dos vertientes del Pirineo, vieron frustrado su último deseo, manifestado por escrito en su testamento, de ser enterrados en el sepulcro real principal, en la catedral de Pamplona. Pero la parte sur de su reino se la arrebataron en 1512, por lo que decidieron que mientras no pudieran descansar en Pamplona fueran sepultados en el panteón de los señores de Bearne, en el interior de la catedral de Lescar. Durante unos minutos estuve en silencio a los pies de su tumba. La sepultura, como casi todas, sufrió los embates de las guerras de religión en 1569, pero hoy se ha querido restablecer la memoria con una placa de bronce que dice “aquí están inhumados los reyes de Navarra de la familia de Foix y de Bearne”. En el silencio de la catedral de Lescar muchos pensamientos se agolpaban en mi cabeza y también recuerdos.
Siendo pequeño, en un día también gris me quedé impresionado por el gigante sepultado en la colegiata de Roncesvalles. Sancho el Fuerte era para mí el orgullo de un rey que representaba a los navarros, alto, poderoso, victorioso de la batalla de las Navas. En contraste, me llegaron las sensaciones de calor y penetrante olor a pino y genista que me acompañaron mientras caminaba para llegar a Poblet. Mi peregrinación tenía el destino del famoso monasterio mediterráneo, con la intención de encontrarme con el enterramiento del Príncipe de Viana. Los valores que siendo niño apreciaba en Sancho el Fuerte eran superados por la intensidad de la emoción de encontrarme con un escritor, sabio, historiador y fundamentalmente honrado, Carlos de Viana. La figura de nuestro príncipe siempre me viene unida a la de su abuelo el rey Carlos III, enterrado en sepultura principal junto al altar mayor de la catredal de Pamplona. El rey noble, siempre equilibrado y juicioso procuró el beneficio de todo su reino. Nájera, Oña, por supuesto Leye, Monjardín acudían a mi mente en un repaso de la extensa genealogía de reyes navarros.
En ese momento me estremecí ligeramente. La penunbra de la catedral de Lescar me permitía dibujar en mi imaginación el rico relicario que Carlos II regaló a la iglesia de San Pedro de la Rúa de Estella. Allí ordenó depositar la espalda de San Andrés, pues era su agradecimiento a la ciudad que tanto quería. En mala hora, la codicia, la ignorancia y la estupidez provocaron que un párroco, en 1712, malvendiera tan importante tesoro. De alguna forma, la iglesia de San Pedro había sido predilecta de un rey. Estando junto a los restos de nuestros reyes legítimos, injustamente destronados del sur de Navarra, me acordé de su más valiente y leal servidor, Don Pedro de Navarra, Mariscal de los ejércitos navarros en 1512. Tras el expolio del relicario del rey Carlos, a la parroquia de San Pedro le quedaba el honor de mantener sepultado junto al altar mayor al héroe de la guerra de independencia de Navarra, iniciada en 1512.
Las nubes que oscurecían el Bearne comenzaron a romperse y los rayos de sol sorteaban con éxito, en algunas ocasiones, las grises barreras del cielo. Desde una ventana ojival, la catredal se iluminó un momento. Parecía que un foco quisiera resaltar la importancia del bronce labrado con los nombres de los monarcar navarros. Me pareció que así debería ser. Los protagonistas de la historia de nuestro pueblo podían ser recordados con dignidad. La catedral de Lescar, además de los avatares desgraciados del siglo XVI volvió a sufrir destrucciones en los turbulentos años de la Revolución Francesa. Se creyó que tantos infortunios habían provocado la desaparición de las egregias sepulturas. Sin embargo, gracias a un párroco más juicioso que el nuestro, tras unas obras, se descubrió con gran sorpresa, que las tumbas estaban en buen estado, debajo del altar mayor.
Quién nos iba a decir que también debajo del altar mayor de San Pedro de la Rúa se encontraba uno de los tesoros más importantes de nuestra iglesia. También unas obras lo habían puesto de manifiesto.
Los Navarra, la familia del mariscal, procedían de forma indirecta del rey Carlos II. Formaban parte de la familia real y constituyeron la alta aristocracia navarra. Estaban ligados a Pamplona pero asentaron sus posesiones en Tafalla, donde construyeron un magnífico palacio. Es probable que tras emparentar con la familia de los Arellano se hicieran cargo del palacio de éstos en Estella. Situado frente a la iglesia de San Pedro, los Arellano habían transformado, la antigua lonja medieval, en un noble palacio urbano. La ciudad del Ega les cautivó y decidieron enterrarse en una capilla privativa, junto al altar mayor de la principal iglesia de la ciudad. La misma que tenía depositado el relicario del patriarca que inició la saga de tan importante familia.
Los Navarra institucionalizan el panteón familiar en la iglesia de San Pedro de la Rúa según el testamento de Felipe de Navarra y su mujer Juana de Peralta en 1449. Se excavó una cripta en el suelo para disponer los enterramientos. En la superficie de la iglesia cercaron la capilla con unas rejas. Unos arcos con pequeña bóveda constituían el túmulo funerario. En las rejas y arcos figuraban los escudos de armas de la familia de los mariscales. En la cripta están enterrados Felipe y Juana, su hijo Pedro de Navarra, quinto Mariscal. El nieto llamado Felipe y que era el sexto Mariscal. El hermano de este último, Don Pedro de Navarra, séptimo mariscal y héroe de la guerra de independencia de Navarra que fue asesinado en la cárcel del castillo de Simancas, en 1522. Su hijo, Pedro de Navarra, Marqués de Cortes, octavo mariscal y reconocido como el jefe del ejército navarro que conquistó Fuenterrabía (1521-1524), en el último intento desesperado de recuperar la independencia de Navarra. Junto al octavo mariscal estaban Miguel y Juan Azpilicueta (hermanos de Francisco de Javier), Petri Sanz, Martín Goñi, Valentín Jaso entre otros navarros. Siguiendo con la relación de sepultados tendríamos que señalar a Ana de Benavides (mujer de Pedro) y sus yerno e hija, Juan de Benavides y Jerónima Navarra. Es probable que el último enterramiento fuera la hija de estos últimos, Ana de Navarra y Benavides que murió en 1579.
En la catredal de Lescar se enseñorea la claridad de la luz del sol. Aprovecho la ocasión para depositar una rosa roja, pensando que aunque en la placa no figura la pincesa Doña Blanca (hermana del Príncipe de Viana) también allí fue enterrada nuestra princesa más querida. Se hace tarde y es hora de volver a Estella. Han sido unos momentos muy intensos, creo que merecía la pena venir hasta aquí. Mi próxima visita me gustaría que fuera a la iglesia de San Pedro de la Rúa. Llevaría, también, una rosa roja para depositar sobre la tumba de los mariscales. Sin duda, sería el 24 de noviembre, día del asesinato en Simancas de Don Pedro de Navarra, séptimo mariscal de los ejércitos navarros. Para entonces, las obras de San Pedro habrán terminado pero no sabemos si como en Bearne una placa nos indicará el lugar donde está la cripta. No sabemos, siquiera, que ha sido de la cripta encontrada con las obras. En fin, no podemos saber si un nuevo expolio se ha producido al patrimonio de Estella, como aquel del relicario del rey Carlos II, o esta vez sí, prevalece la cordura y como nuestros hermanos bearneses, restablecemos la memoria histórica de la iglesia matriz de Estella.
Toño Ros Zuasti. rosza@wanadoo.es
Blog. http://castillosestella.blogspot.com
domingo, 8 de julio de 2012
sábado, 5 de mayo de 2012
El molino de Irache en Arizala
Las operaciones de adquisición de un molino en Arizala nos dan una idea de la importancia que para el Monasterio de Irache tenía el control de los sistemas de producción y de generación de riqueza en la época medieval.
El papel secundario de la mujer en la época medieval cambiaba ante la consideración de viuda o de huérfana. Así en Arizala en el año 1141, las tres hermanas huérfanas Mancia de Arizala, Oneca de Arizala y Sancha de Arizala negociaron junto a sus maridos o hijos con el Monasterio de Irache la cesión de sus derechos de propiedad sobre el molino llamado Erret Hiera. Dado que errota en euskera es molino, hablamos del molino de Iera o Yera.
El monasterio de Irache diseñó una estrategia para controlar los principales molinos de Tierra Estella. Unas veces compraba la propiedad, otras cedía un terreno a un emprendedor para que construyera el molino y a cambio exigía la mitad de la propiedad. En otras ocasiones se asociaba con burgueses de Estella y realizaba las obras a medias. Esta estrategia se mantuvo en el tiempo y fue sostenida por diferentes abades. Tanto interesaban al monasterio los molinos de las ciudades como Estella o Puente la Reina, como los de los pueblos. En este caso, el cenobio apostó por el río Iranzu, a su paso por Arizala y cerca del monasterio de Eza que también controlaba. Es probable que las moliendas comenzaran en Octubre y se mantuvieran hasta Mayo, aprovechando los meses de importante caudal de tan pequeño río. Como molinos había pocos y estaban en manos de los poderosos, a los campesinos no les quedaba más opción que entenderse con Irache. El molino de Iera contaba con una presa, los derechos de aguas y la riqueza de las riberas.
Nueve años después 1150, el monasterio quiere completar la operación de control del molino erret hiera. En esta ocasión negocia con Orti de Eza y hermanos. A cambio de sus derechos en Iera les ofrece participar en la propiedad del monasterio de Santo Tomás de Eza. La oferta es jugosa por lo que el interés de Irache era manifiesto.
¿Y qué les ofrecieron los frailes a las hermanas Arizala? Nada más y nada menos que unas tierras puestas en cultivo con un producto especial, el lino. En el término de Isasartea, los de Irache producían lino para los talleres textiles pero prefirieron permutarlo por el molino. La mayoría de las operaciones con propiedades que se hacen en esta época son cambios, se supone que de parecido valor, en los que no se utiliza el dinero.
La fotografía de Sergio Casi que acompaña el artículo está tomada frente al puente de Arizala sobre el río Iranzu, cerca del lugar donde se construyó el molino de Iera.
Molinos, monasterios, tierras de cultivo... Son innumerables los movimientos estratégicos de los monasterios de Irache e Iranzu por el control económico de la merindad de Estella.
Toño Ros Zuasti. rosza@wanadoo.es. Fotografía de Sergio Casi.
Más información en el blog. http://castillosestella.blogspot.com
Las operaciones de adquisición de un molino en Arizala nos dan una idea de la importancia que para el Monasterio de Irache tenía el control de los sistemas de producción y de generación de riqueza en la época medieval.
El papel secundario de la mujer en la época medieval cambiaba ante la consideración de viuda o de huérfana. Así en Arizala en el año 1141, las tres hermanas huérfanas Mancia de Arizala, Oneca de Arizala y Sancha de Arizala negociaron junto a sus maridos o hijos con el Monasterio de Irache la cesión de sus derechos de propiedad sobre el molino llamado Erret Hiera. Dado que errota en euskera es molino, hablamos del molino de Iera o Yera.
El monasterio de Irache diseñó una estrategia para controlar los principales molinos de Tierra Estella. Unas veces compraba la propiedad, otras cedía un terreno a un emprendedor para que construyera el molino y a cambio exigía la mitad de la propiedad. En otras ocasiones se asociaba con burgueses de Estella y realizaba las obras a medias. Esta estrategia se mantuvo en el tiempo y fue sostenida por diferentes abades. Tanto interesaban al monasterio los molinos de las ciudades como Estella o Puente la Reina, como los de los pueblos. En este caso, el cenobio apostó por el río Iranzu, a su paso por Arizala y cerca del monasterio de Eza que también controlaba. Es probable que las moliendas comenzaran en Octubre y se mantuvieran hasta Mayo, aprovechando los meses de importante caudal de tan pequeño río. Como molinos había pocos y estaban en manos de los poderosos, a los campesinos no les quedaba más opción que entenderse con Irache. El molino de Iera contaba con una presa, los derechos de aguas y la riqueza de las riberas.
Nueve años después 1150, el monasterio quiere completar la operación de control del molino erret hiera. En esta ocasión negocia con Orti de Eza y hermanos. A cambio de sus derechos en Iera les ofrece participar en la propiedad del monasterio de Santo Tomás de Eza. La oferta es jugosa por lo que el interés de Irache era manifiesto.
¿Y qué les ofrecieron los frailes a las hermanas Arizala? Nada más y nada menos que unas tierras puestas en cultivo con un producto especial, el lino. En el término de Isasartea, los de Irache producían lino para los talleres textiles pero prefirieron permutarlo por el molino. La mayoría de las operaciones con propiedades que se hacen en esta época son cambios, se supone que de parecido valor, en los que no se utiliza el dinero.
La fotografía de Sergio Casi que acompaña el artículo está tomada frente al puente de Arizala sobre el río Iranzu, cerca del lugar donde se construyó el molino de Iera.
Molinos, monasterios, tierras de cultivo... Son innumerables los movimientos estratégicos de los monasterios de Irache e Iranzu por el control económico de la merindad de Estella.
Toño Ros Zuasti. rosza@wanadoo.es. Fotografía de Sergio Casi.
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lunes, 9 de abril de 2012
Agramonteses y beaumonteses en Estella


A finales del siglo XV, en Estella, se sufrían las lastimosas consecuencias de la guerra civil entre los bandos de beaumonteses y agramonteses. Como en el resto de Navarra, Estella, se dividió en dos parcialidades. Pero evidentemente predominaban las familias y linajes que pertenecían a los agramonteses. La familia de los Baquedano que procedían de Améscoa, controlaban el castillo Mayor y sectores políticos y económicos de la ciudad. Tuvieron representantes en el ayuntamiento o controlaron importantes molinos, como el situado junto a la tintura, al lado de la judería nueva. También el monasterio de Irache estaba bajo el control de algunos, pertenecientes al linaje de los Baquedano. Entre otras importantes familias agramontesas que comenzaron a instalar sus palacios nobles en la ciudad, es de destacar la de los Mariscales de Navarra, Marqueses de Cortes, que lideraron durante mucho tiempo a esta facción. Se hicieron con la antigua lonja de comercio, llamada “Pórtico de San Martín” (actual Museo Gustavo de Maeztu) y la trasformaron, ampliando sus dependencias y convirtiéndola en uno de los palacios más importantes de la villa. Para la piedra de la ampliación, consiguieron las buenas piezas de sillería del Castillo Mayor, que iba a ser derribado, y de los elementos defensivos del Puente de San Martín. En este puente había una importante torre, llamada del “Populo”, que servía de puerta de entrada al burgo del Rey (San Juan). En el entorno más inmediato, la familia Vélaz de Medrano, era propietaria del palacio de Cabo de Armería de Igúzquiza. Esta familia se distinguió más tarde por la férrea defensa de la independencia de Navarra y por la lealtad a los reyes Catalina de Foix y Juan de Labrit. Una de las familias más importantes, era sin embargo, beaumontesa. Los Echávarri-Eguía con un pasado claramente agramontés, cambiaron de bando cuando fue asesinado, por Pierres de Peralta (agramontés), uno de sus miembros principales, el obispo Nicolás de Echávarri. Los Eguía construyeron sus palacios al estilo italiano en el burgo de San Miguel (actual biblioteca y la casa de enfrente) y cuentan con una importante capilla en la iglesia parroquial. Los Echávarri, aunque parece que pudieron proceder de la parroquia de San Miguel, tenían sus palacios en el Burgo Nuevo ( Santo sepulcro) o más tarde construyeron en la calle de La Rúa (palacio del Gobernador). Estas últimas familias lucharon a favor de las tropas castellanas de Fernando el Católico y tras el triunfo se hicieron con el poder político de la recién nombrada ciudad. Cerca de Estella, la principal fortaleza era la de Cábrega, que perteneció a la familia del Mariscal.
En la guerra de independencia de Navarra, unos y otros, lucharon en bandos contrarios y tuvo que pasar un siglo para que las diferencias entre las facciones fueran desapareciendo poco a poco.
Toño Ros Zuasti.
jueves, 5 de abril de 2012
De la peste negra a la gripe española

El final de la Edad Media y la Edad Moderna fueron sometidas al azote de la peste negra. El siglo XVIII fue la ocasión de la epidemia de la viruela. En el XIX los estragos demográficos los ocasionó el cólera. 1918 es el año de la última gran pandemia con la extensión de la mal llamada gripe española.
“Cuando en primavera al cuco oyes cantar, vivirás un año más” Este es un refrán cierto si se refiere a los estragos de la gripe, pandemia que llegó a ser catastrófica cuando todavía no se había descubierto la penicilina (Fleming 1929). Verdaderamente la llegada del cuco supone el avance de la primavera y el paulatino abandono del frío persitente. El año 1918, en plena Iª Guerra Mundial, desde EEUU la gripe se extendió por Europa y por todo el mundo ocasionando grandes estragos. En Estella y merindad la muerte catastrófica afectó a todas las familias. Cuando una casa quedaba afectada se colocoba una silla en la puerta, así el médico ya sabía que allí había gripe y tenía que entrar. ¿Nos podemos hacer una idea de que una gran epidemia nos afectara en la actualidad y uno o dos miembros de cada familia perdieran la vida? Pues con todo, la epidemia de gripe del 18 que mató varios millones de personas en el mundo, no tiene nada que ver con la devastación que provocaron otras pandemias, a lo largo de la Historia.
Entre las mortandades más agresivas tenemos que situar a la peste negra que llegó a Navarra en el año 1348. Hasta entonces la población no había hecho más que crecer. Pero cuando una comunidad se hace más grande necesita más recursos y estos no es fácil que aumenten. Así es que unos años antes de entrar la peste, la hambruna golpeó todos los pueblos de Navarra. Entre una y otra, poblaciones enteras desaparecieron. Ya no hablamos de familias afectadas sino de localidades prósperas desaparecidas. Tenemos muchos casos de despoblados en la Merindad. Un caso síngular es el de Desiñana que aparece en la fotografía de Sergio Casi y que contó con una iglesia gótica de mucha calidad. Famosas son las pinturas macabras que representan la danza de la muerte, como las del castillo de Javier.
La peste llegó por las pulgas de las ratas venidas por rutas comerciales desde la India. Con una mayor higiene y mejor nutrición se pudo vencer a esta pandemia que desapareció en el siglo XVII. La enfermedad que la sucedió era menos catastrófica, la viruela. Las crisis del siglo XVIII son fundamentalmente de esta enfermedad. Descubierta la vacuna por Edward Jenner en 1796, que se fijó en la inmunidad de las ordeñadoras de vacas que adqurían una viruela debilitada que padecían las vacas, se consiguió erradicar tan calamitosa epidemia.
Siempre tiene que haber sucesora. En el siglo XIX campearon por Europa el cólera y el paludismo (malaria). El paludismo se fomentaba en las lagunas y por eso Napoleón ordenó desecar las Landas y plantar pinos. (Gran desastre ecológico). El cólera prosperaba los veranos por el consumo de aguas en mal estado. Lo único bueno del cólera ha sido la famosa novela de García Marquez, “El amor en los tiempos del cólera”. La llegada de las aguas hasta las ciudades (acueducto de Noain y la mayoría de las fuentes monumentales de nuestros pueblos) consiguió evitar que los veranos fueran temidos por la posible llegada del cólera.
Como vemos difícil vida la de nuestros antepasados siempre agradecidos por haber sobrevivido un invierno más o un nuevo verano.
Texto: Toño Ros
Fotografías: Sergio Casi
sábado, 19 de febrero de 2011
Debate sobre la localización de la puerta de la Gallarda

Mi amigo Sergio comparte conmigo la afición por las murallas de Estella. Y especialmente le fascina la puerta de La Gallarda. En la foto me propone una localización distinta a la que pensábamos y con otras fotografías tratadas intenta razonar su propuesta.
Sergio dice que la fotografía de la torre de Lizarra está tomada del mismo lugar que la antigua que ya conocemos.

Con esta nueva fotografía, Sergio intenta montar la puerta de la fotografía antigua en la foto actual de la torre de Lizarra. Según Sergio este sería el emplazamiento adecuado.
Esta imagen nueva es un mapa del siglo XIX realizado por el que era arquitecto municipal de Estella, Anselmo Vicuña. En este mapa no existía el cuartel y sí la puerta de la Gallarda. El arquitecto la dibuja someramente.
viernes, 7 de enero de 2011
1512, el saqueo de Estella. Parte III

1512, el saqueo de Estella. Y Parte III
El castillo Mayor de Estella puede ser considerado como uno de los símbolos más importantes de la resistencia de Navarra en 1512, a la altura de la ciudad de Tudela, de la mítica lucha de Amaiur o del último capítulo heroico de la guerra de Navarra como fue el encierro en Hondarribia.
Como hemos contado en los dos artículos anteriores el castillo Mayor de Estella se mantuvo fiel al bando legitimista navarro hasta finales de octubre, siendo el único lugar de Navarra que pudo resistir tanto tiempo y de forma continuada.
Tras el exitoso ataque de las tropas hispano-beaumontesas, se da la orden de someter a la ciudad a un saqueo. Las casas de los legitimistas son asaltadas por los soldados que practican la rapiña habitual de unas fuerzas sin control. Pero hay un hecho que merece la pena destacar. En el botín de guerra oficial, constan los documentos del archivo municipal y con ellos los fueros y privilegios. Parece claro que la idea era amenazar a la ciudad con la pérdida jurídica y real de sus privilegios. El archivo se utilizó como un rehén más.
Reducida la ciudad tras duros combates, los soldados legitimistas retrocedieron desde el convento-fortaleza de Santo Domingo hasta los castillos de Zalatambor y Mayor. Ambos fueron sitiados y se instaló artillería que llegó desde Fuenterrabía. La situación se complicaba de día en día. Los cañones no dejaban de disparar y la artillería del castillo comenzó a quedarse sin municiones. En uno de estos intercambios de disparos cayó muerto por un proyectil el alcaide del castillo de Zalatambor, por lo que los pocos soldados de esta pequeña fortaleza se rindieron. Ya solo quedaba la resistencia del castillo Mayor, donde ondeaban la bandera de Navarra y el pendón de los Labrit.
La estrategia de los legitimistas era la de aguantar. El importante ejército del rey Juan de Labrit se había puesto en marcha y atravesando los Pirineos se dirigía a tomar Pamplona. Los mensajeros secretos llevaban las noticias y el ánimo para los del castillo Mayor. Pero las cosas se complicaban y la tarea parecía imposible. Un grupo del ejército navarro-bearnés-gascón realizó una operación de intento de distracción de las tropas hispano-beaumontesas que sitiaban el castillo. Pero la operación fue un fracaso, ya que fueron interceptados cerca de Puente la Reina.
Dadas las circunstancias se iniciaron las conversaciones en el convento de Santo Domingo. De mediador actuaba el abad de Iranzu. El señor de San Martín y Vélaz de Medrano eran los interlocutores por parte de los legitimistas. Algunos de los encerrados salieron por razones humanitarias, como el palaciano de Azcona, aunque su hijo, más joven se quedó.
El 30 de octubre de 1512 el castillo Mayor de Estella se rindió. Habían sido tres meses de pertinaz y heroica resistencia. Los legitimistas salieron con las banderas tendidas y según el acuerdo pactado pudieron dirigirse donde quiseran. El regimiento de soldados alaveses, en formación, les hizo los honores. Los más, con sus dirigentes fueron al castillo de Oro y desde allí se unieron a las tropas del rey Don Juan de Labrit que estaban acampadas junto a las murallas de Pamplona.
De esta forma terminaba uno de los capítulos de más honor y dignidad de los castillos de Estella y de sus gentes.
Toño Ros Zuasti. rosza@wanadoo.es.
domingo, 19 de diciembre de 2010
1512, el saqueo de Estella. Parte II
Ante el avance hacia Pamplona, del fuerte ejército franco-navarro que quiere restituir al rey legítimo Juan de Labrit, los ciudadanos de Estella y su merindad se sublevan contra los españoles. La nobleza de la región junto con los resistentes del castillo Mayor se hacen con la ciudad de Estella y las principales fortalezas del entorno. La reacción de los castellanos es contundente realizando un ataque combinado a la ciudad del Ega. La lucha es muy intensa en distintos escenarios de nuestra ciudad.
Conquistado el reino de Navarra por las tropas españolas, el castillo Mayor de Estella era uno de los pocos que resistían.
Al parecer, el mariscal de Navarra, huyó de Logroño y pasó por Estella para organizar la sublevación. Los nobles de la merindad, Baquedano (Améscoa) y Vélaz de Medrano (Igúzquiza y Learza) reclutan tropas durante todo el día cuatro de octubre de 1512 y acuden a ocupar la ciudad. Los encerrados en el castillo descienden y consiguen entrar por las principales puertas de la ciudad. A la vez las tropas de los Learza y San Martín confluyen en la ciudad del Ega al grito de ¡Navarra, Navarra! ¡viva el rey don Juan! Las tropas castellanas se refugian en Santo Domingo y la fortaleza de San Miguel ( hay que recordar que el burgo de San Miguel estaba controlado por la familia burguesa de los Eguias que eran pro castellanos del bando Beaumontés). En la merindad los legitimistas consiguen controlar las principales fortalezas. Se hacen con el palacio de Cábrega que pertenecía a la familia del mariscal. Controlan también el importante castillo de Salinas de Oro. Ocupan el castillo de Monjardín y la fortaleza de la antigua iglesia templaria de Aberin. Las tropas castellanas acantonadas en Estella, negocian abandonar la ciudad. Para entonces los navarros legitimistas controlan ya la zona media y norte de la merindad de Estella, la Baja Navarra (excepto Donibane), el Roncal y las villas de Olite y Tafalla. Un gran ejército con el rey don Juan y el príncipe Francisco de Francia (Delfín y futuro rey Francisco I) avanza lentamente sobre Pamplona. Lo principal del ejército español, al mando del Duque de Alba está en retirada, desde San Juan de Pie de Puerto, en un intento desesperado de llegar antes a Pamplona y encerrarse en la ciudad.
La reacción castellana, en Tierra Estella, es espectacular. Lo principal de su ejército acude a someter a Estella, hasta cuatro mil soldados entre riojanos, alaveses y navarro-beaumonteses. Tropas de Logroño y Vitoria consiguen reunirse en Villatuerta, comandados por Juan López de Lazkao y los parientes, hermano y primo del conde de Lerín, Pedro de Beaumont y Francés de Beaumont (hijo del señor de Arazuri). El ataque se realiza por varios puntos a la vez. Los soldados tras duros combates, conquistan las torres del recinto defensivo. Con el apoyo de algunos pro-españoles (seguramente de los Eguias), Francés de Beaumont aprovecha la noche y entra en la ciudad, ya que les abren una de las puertas más importantes. Una parte del ataque se produce por la parte del Puy. Por otro lado, soldados del Marqués de Comares en una intrépida acción suben por el río atravesando las presas y mantienen un duro combate en los alrededores del convento de San Francisco (actual ayuntamiento). Tras conseguir hacer retroceder al señor de San Martín y los suyos, consiguen forzar una puerta, (quizá la del Pópulo que estaba en el puente de San Martín). Los leales a los reyes de Navarra se repliegan hacia el convento de Santo Domingo y la iglesia de Santa María Jus del Castillo. Nuevamente los combates allí son muy intensos. Puede que sea ese el momento en el que la familia de los Eguia consigue encerrarse en la fortaleza de San Miguel junto a un centenar de beaumonteses estelleses y los hijos de Nicolás de Eguia, Pedro, Esteban, Miguel y Diego, al grito de ¡Viva Fernando de Aragón! Luis Correa, cronista castellano de la conquista de Navarra, nos relata parte de estos sangrientos sucesos heróicos en los que se decidía la independencia del Reino de Navarra. La resistencia en los castillos será explicada en la parte III de este artículo.
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